CARTA CIRCULAR (6)

DEL SECRETARIO DEL SECRETARIADO DE LA ORDEN CISTERCIENSE PARA LA LITURGIA

EN LOS MONASTERIOS DE LA ORDEN

DURANTE EL TIEMPO DE ADVIENTO Y NAVIDAD 2006/2007

PAX

“DE COMIENZO EN COMIENZO

A TRAV…S DE INFINITOS COMIENZOS”…

Queridos hermanos y hermanas:

En el Adviento, comenzamos un nuevo año litárgico. Con una visión altamente teológica, el Concilio Vaticano II (1962-1965) ha descrito la esencia y el sentido del año litárgico de la siguiente forma: “…(la Iglesia) en el círculo del año desarrolla todo el misterio de cristo, desde la Encarnación y la Navidad hasta la Ascensión, Pentecostés y la expectativa de la dichosa esperanza y venida del Señor.” Así, comenzamos siempre desde el inicio por las fiestas y la contemplación del año litárgico, es decir, del misterio de Cristo. Esto nos recuerda las hermosas palabras de san Gregorio de Nisa (+394) en su sermón sobre el Cantar de los Cantares: “El que sube no se detiene jamás, yendo de comienzo en comienzo, y el comienzo de los bienes cada vez mayores no tiene nunca fin. El deseo del que progresa jamás se detiene en el bien ya conocido…”. Por esto es por lo que este “ciclo” del año litárgico no ha de entenderse ni como “un ciclo de tiempo que siempre retorna” (“ruleta de la fortuna”), ni como una especie de “regreso de lo parecido”, o como “una línea que se contináa eternamente”, sino, en un sentido específicamente cristiano, como un “un movimiento ascendente en círculos (espiral) en el que el medio y el fin son el misterio de Cristo”. Este concepto teológico del año litárgico, que el Concilio ha retomado ampliamente, proviene sobre todo del célebre teólogo Odo CASEL (+1948), monje de la abadía benedictina de María Laach. Desde la Encarnación de Dios en Jesucristo, el tiempo es completamente “un tiempo lleno de Cristo: el tiempo de Cristo”. El papa Juan Pablo II (+2005) explicó en su carta apostólica “Tertio millenio adveniente” (10.11.1994): “Cristo es el Señor del tiempo, su principio y su cumplimiento; cada año, cada día y cada momento son abarcados por su Encarnación y Resurrección, para de este modo encontrarse de nuevo en la "plenitud de los tiempos…”. Que las fiestas del año litárgico son interdependientes es lo que el P. Odo CASEL ha explicado como sigue: “Esta vida de Cristo Señor, este itinerario gigantesco que va del seno de la Virgen y del nacimiento en Belén hasta el trono de la Majestad divina, he aquí el Misterio que se ha de vivir en el año litárgico. Se trata de conmemorar los grandes acontecimientos de nuestra salvación, evocarlos y apropiárnoslos. No es suficiente con seguir y contemplar los detalles de la vida terrenal del Señor con un sentimiento de tierna piedad… sino en su realidad objetiva y neumatológica… Hablando concretamente: no celebramos el tiempo de Adviento colocándonos en la época de la humanidad no rescatada, sino con la certeza de que el Mesías ha aparecido ya; nos preparamos en nuestras almas para recibirlo y buscamos en el ejemplo de los justos del Antiguo Testamento el mejor modelo a imitar…” (El misterio del culto en el cristianismo). Nuestros primeros Padres cistercienses, y sobre todo san BERNARDO (+1153), nos han dejado en sus sermones para las fiestas y los tiempos del año litárgico, impulsos espirituales preciosos para profundizar en el misterio de la salvación y en los misterios de la fe que la Iglesia celebre a lo largo del año. Nuestras dos místicas de Helfta, santa GERTRUDIS LA MAGNA (+1302), de la que celebramos este año el 750 aniversario, y santa MATILDE DE HACKEBORN (+1299), son dos ejemplos asombrosos sobre la forma en que se puede vivir la liturgia y los tiempos privilegiados del año litárgico. Ambas son representantes de una espiritualidad litárgica. Quizá pudiéramos leer durante el tiempo de Adviento y el de Navidad textos escogidos de nuestros autores espirituales para nuestra ‘lectio divina’, meditarlos y actualizarlos en nuestra vida personal. La liturgia del Adviento y del tiempo de Navidad, con sus maravillosos textos bíblicos y litárgicos, nos ofrecen siempre pensamientos preciosos, inspiraciones y motivaciones que pueden fortalecernos y conducirnos en la vida de cada día.

En otras dos cartas circulares, he tratado el tema de las fiestas litárgicas del Adviento y Navidad, siempre con una visión práctica, son las siguientes:

En la Carta circular 1 (2002): las diferentes costumbres del Adviento (la corona del Adviento, las misas de Rorate, las antífonas de la “O”, la antífona Alma Redemptoris Mater).

En la Carta circular 4 (2004): el tiempo del Adviento (con la solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, el 8 de diciembre) y el tiempo de Navidad (anuncia solemne de Navidad, las tres misas festivas de Navidad, la octava de Navidad, con la solemnidad de María Madre de Dios, el 1 de enero).

En esta carta, me gustaría tratar el tema de las dos fiestas siguientes del tiempo de Navidad: la solemnidad de la Epifanía y la fiesta del Bautismo del Señor, que están profundamente ligadas entre sí.

LA SOLEMNIDAD DE LA MANIFESTACI"N DEL SE—OR (EPIFANÕA) 6 DE ENERO

Se podría comparar el tiempo de Navidad con una elipse, en la que las dos puntas son la fiesta de Navidad, el 25 de diciembre, y la fiesta de la Epifanía, el 6 de enero. Debido a las circunstancias de nuestra vida moderna y del mundo laboral, la solemnidad de la Epifanía, en muchos países y regiones, ya no se celebra el 6 de enero, sino que se traslada al domingo comprendido entre el 2 y el 8 de enero. En nuestra Orden, la fiesta se ha mantenido en la fecha tradicional, dejando a cada monasterio decidir, segán su circunstancia, cuándo celebrar la Epifanía.

1.1 Origen e historia de la fiesta

Al inicio, la fiesta de Navidad en Occidente tenía lugar el 25 de diciembre y en Oriente el 6 de enero. Como a través de una “ósmosis”, Occidente y Oriente asumirán ambas fiestas a finales del siglo IV. Debido a su origen y a su contenido teológico, las dos fiestas celebran la fiesta de Navidad con orientaciones diferentes. La historia de la Epifanía es realmente complicada y las raíces propias de la fiesta quedan aán en nuestros días en la sombra. Como indica el nombre griego “Epifanía” (Manifestación), o bien, “Teofanía” (Manifestación de Dios), la fiesta proviene de Oriente y ha sido introducida en el siglo IV en la Iglesia de Occidente. El título de la fiesta, “Epifanía”, significa que el 6 de enero es mucho más que la popular “fiesta de los Reyes”. La Epifanía es la revelación de Jesucristo, el Hijo de Dios, al mundo entero. En Grecia y en Rusia, los cristianos llaman a este día: “Solemnidad de la santa teofanía de nuestro Señor Jesucristo”.

Al igual que para la fiesta de Navidad, la fecha de la fiesta de la Epifanía nos retrotrae también al culto pagano, en este caso, a la fiesta del solsticio de invierno, que, en Egipto tenía lugar seguramente entre el 5/6 de enero. Se celebraba el 25 de diciembre, o el 6 de enero, el aniversario del Dios-sol invencible, que los cristianos transformarán en el aniversario de Jesucristo, “verdadera luz del mundo”. Noticias antiguas nos dicen que, en Alejandría, a comienzos del siglo III, la secta gnóstica de los Basilianos, entre otras, conmemoraba el 6 de enero, fiesta del Bautismo del Señor, porque a través de él tenía lugar el engendramiento y el nacimiento del Hijo de Dios, por el descenso del Espíritu Santo. El Bautismo de Cristo debía, por consiguiente, ser el tema propio de la fiesta de la Epifanía en Occidente. Otras informaciones nos dicen que los Egipcios se arrojaban al río el 6 de enero para obtener la fuerza del agua. Aquí debe estar uno de los orígenes de la bendición del agua a partir de la Epifanía. De Egipto, la fiesta del 6 de enero parece expandirse, hacia la segunda mitad del siglo IV, tanto en Oriente como en Occidente. En la Iglesia occidental, la fiesta de la Epifanía se celebró primero en Francia, en España, en el norte de Italia y en Rávena, donde los temas de la fiesta fueron aán ampliados. En la Epifanía, como en la Encarnación y en el Bautismo de Cristo, se meditaba en la adoración de los magos, las Bodas de Caná y la multiplicación de los panes. El contenido de esta fiesta lo encontramos resumido, por ejemplo, en el magnífico himno de la Epifanía de san AMBROSIO de Milán (+397): “Illuminans altissimus”, que nuestros Padres de Cister han tomado en su liturgia. Para Roma, las homilías del papa LE"N MAGNO (+416) son el testimonio seguramente más antiguo sobre la celebración de la fiesta de la Epifanía.

1.2. Contenido de la fiesta

Cuando el Oriente (excluida Armenia) acogió a finales del siglo IV, proveniente de la liturgia romana, la fiesta de Navidad del 25 de diciembre, el 6 de enero se convertirá en la fiesta oriental de la Encarnación del Señor, pues se transforma sobre todo en la fiesta del Bautismo del Señor. En la liturgia romana, al menos en la liturgia de la misa, el 6 de enero se transforma en la fiesta de la adoración de los magos, mientras que la liturgia romana de las Horas tomaba progresivamente de la región gala, española y el norte italiano, los temas suplementarios del Bautismo del Señor, las Bodas de Caná y la Multiplicación de los Panes. Las influencias recíprocas de la liturgia de la Iglesia oriental y la de la Iglesia occidental pueden aán hoy encontrarse reveladas en los textos litárgicos de la fiesta de la Epifanía. La antífona “Hodie coelesti Sponso” expresa muy bien en resumen la celebración de la fiesta: Hoy la Iglesia se une a su esposo: Cristo, en el Jordán, la purifica de sus faltas; los magos llevan sus presentes a las bodas reales; el agua se convierte en vino para alegría de los convidados, aleluya”. Este texto, al igual que la conocida antífona de MagnificatTria miracula” (tres milagros), muestra significativamente que el contenido teológico de la fiesta de la Epifanía va mucho más allá que la simple celebración de la fiesta de los Reyes. La Epifanía concentra los acontecimientos más importantes de los primeros años de Jesás de Nazaret y las celebra como las revelaciones y las manifestaciones de su divinidad. Igualmente, en la liturgia romana, la Epifanía, en los primeros tiempos, tenía valor de fiesta tan importante que se celebraba con vigilias y octava, y el domingo siguiente era denominado como “Domingo después de la Epifanía”.

El traslado de las presuntas reliquias de los tres santos Reyes el 23 de julio de 1164 a Colonia, donde se conservan en la catedral, da al culto de los Reyes un gran relieve en Occidente y colabora de manera esencial en el carácter popular de la fiesta de los Reyes el 6 de enero. Por otra parte, será el autor cristiano ORÕGENES (+253/254) quien por primera vez precise que los Magos eran tres (el texto señala sencillamente: “magos”, o bien “astrólogos venidos de Oriente”), ciertamente en razón del námero de regalos: tres. Más tardiamente, CES¡REO DE ARL…S (542), transforma los tres sabios en reyes (el texto bíblico no dice nada) y desde los siglos VIIV/IX, se creyó conocer incluso sus nombres: MELCHOR, GASPAR Y BALTASAR.

1.3. Tradiciones de la fiesta

Segán las diferentes regiones, se desarrollarán alrededor de la fiesta de la Epifanía, diferentes costumbres de las que solo voy a hacer referencia a tres. La más conocida en los países de influencia germana es la de la consagración del agua (“el agua de los tres Reyes”) celebrada desde los siglos XI/XII y que tiene su origen en la tradición oriental (egipcia). En Oriente, donde se celebra la fiesta de la Epifanía con el Bautismo del Señor, el 6 de enero era un día de bautismo. La Iglesia oriental realizaba en la noche de Epifanía una consagración del agua que, segán las posibilidades, se llevaba a cabo en un río o en el mar, donde se introducía una cruz dentro del agua. Esta costumbre tiene su origen en la bendición del Jordán, recordando el bautismo de Jesás (“consagración del Jordán”). San JUAN CRIS"STOMO (+407) señala que “en esta solemnidad, hacia la media noche, todos van a tomar agua que reservan en sus casas, para guardarla todo el año, en memoria de que en un día parecido las aguas fueron santificadas”. Detrás de esto se esconde la idea extendida por Oriente de que Jesás ha santificado el agua por su bautismo, a través de su descenso al Jordán. La creencia popular atribuía una fuerza particular al “agua bendita de los Reyes”.

Junto a la usual bendición de las casas en la Epifanía, se va a desarrollar, sobre todo en los países germanos, una variante particular: todas las estancias son bendecidas con el agua bendita e incienso y, con un lápiz bendito, se escribe debajo de la puerta la fórmula de bendición: 20+C+M+B+07: "Christus Mansionem Benedicat", que una interpretación popular lee como los nombres de los tres Reyes: Caspar, Melchior, Baltasar. Detrás de esto subsiste unan antigua costumbre germana. Siguiendo en este entorno germánico, existen en distintos lugares los "Sternsinger" que van a proceder a realizar esta bendición. La bendición de las casas debe hacer visible ante todo que la Encarnación de Jesás que “habitó entre nosotros”, se mueve entre nosotros en la vida de cada día. Allí donde se suele practicar esta costumbre, tendría gran significado que el Abad (el Prior), o la Abadesa (la Superiora o el capellán del convento) bendijera con agua bendita las estancias del monasterio en la Epifanía, si es posible en presencia de la comunidad o al menos algunos hermanos y hermanas. El texto correspondiente se encuentra en el “Bendicional” publicado por la conferencia de los obispos de cada región lig¸ística.

Desde la antig¸edad, la fecha de la próxima fiesta de Pascua y la de las fiesta movibles que dependen de la misma, se anuncia en la Epifanía, después del Evangelio del día. Es decir, que desde tiempos antiguos, se hacía páblica en esta fiesta la “carta Pascual”, segán la cual la cristiandad era informada de la fecha de Pascua. Se eligió este día para hacerlo porque Cristo, nuevo sol, se elevaba para Oriente después de la Epifanía. Esta costumbre de la proclamación de la fiesta en la Epifanía, que provenía de la liturgia de las catedrales y que se prevé aán en el nuevo Misal Romano, no ha sido nunca reconocida oficialmente en nuestra Orden.

2. LA FIESTA DEL BAUTISMO DEL SE—OR

El Bautismo del Señor era y es en Oriente el principal contenido de la fiesta de la Epifanía. En la liturgia occidental, esta fiesta nace en el siglo XVIII, sin embargo, no será acogida en el calendario litárgico romano hasta 1960, el 13 de enero, es decir, el día de la octava de la Epifanía. La Reforma litárgica después del Concilio Vaticano II ha dado más peso a la fiesta del Bautismo del Señor y por esto se ha colocado el domingo después del 6 de enero. Sin embargo, allí donde la Epifanía se celebra el domingo entre los días 2 y 8 de enero, el Bautismo del Señor se traslada al domingo siguiente. Para los tres ciclos, A, B, C, la perícopa del Bautismo está en el centro de interés. Los hermosos textos de la Liturgia de las horas (como por ejemplo las antífonas: "Baptizat miles Regem", "Veterem hominem", "Te, qui in spiritu", "Baptista contremit", etc.) forman parte de troparios bizantinos, que el emperador CARLOMAGNO (+814) hizo traducir al latín. La bendición del agua, como recuerdo del bautismo, sería muy oportuno realizarla en la fiesta del Bautismo del Señor. Con esta fiesta se termina el ciclo del tiempo de Navidad y comienza el tiempo ordinario.

3. “EL ¡NGELUS” (SALUTATIO ANGELICA)

Dentro del cuadro de tiempo que comprende el Adviento y la Navidad, me gustaría escribir también algo sobre la hermosa costumbre, tan amada en la Iglesia, que es el “¡ngelus”, además porque he recibido preguntas sobre este tema. El “¡ngelus” es el recuerdo, repetido tres veces al día, de la Encarnación de Dios. La oración del ¡ngelus comenzó a desarrollarse poco a poco a partir del siglo XIII, hasta que en el año 1600, en el que toma su forma oficial y habitual para nosotros.

3.1. Historia del “¡ngelus”

El “¡ngelus” encuentra su origen en el ambiente franciscano. San FRANCISCO DE ASIS (+1226) fue tan impresionado, a partir de su viaje de misión a Oriente, por las llamadas a la oración que el muecín repetía cinco veces al día, desde lo alto de su minarete, que pensó introducir este tipo de oración repetida en Occidente. De este modo, escribió en una carta a sus superiores (guardianes): “Enseñad y predicad a todos los pueblos este deber de alabar para que, a todas horas y al sonido de las campanas, alabanzas y acciones de gracias se eleven siempre y en todas partes sobre toda la tierra al Dios Todopoderoso”. Expresa este deseo en un escrito a un gobernador del pueblo. Hermano Benito SINIGARDI (+1282), compañero de san Francisco, promueve el canto de la antífona mariana “Angelus Domini” en su monasterio de Arezzo, después de su estancia en Tierra Santa, hacia el año 1241. En el año 1251, el Capítulo General de nuestra Orden decide que, después de la “Salve Regina”, por la tarde, la estrofa “Ave Maria” y la Oración “Concede nos” deben ser recitadas de rodillas (en 1325, el Capítulo General aumenta el námero de “Ave Marías” a tres). Con ocasión del Capítulo General de 1263 en Pisa, san Buenaventura (+1274), como Maestro General de la Orden franciscana, da este consejo a sus cohermanos: “Los hermanos deben enseñar a los fieles a saludar por tres veces a la Virgen María, por la tarde, coincidiendo con la hora de ir a Completas en el monasterio. Deben hacerlo con las mismas palabras con las que el ¡ngel Gabriel saludó a María, es decir, con el ‘Ave María’”. Aquí tenemos la primera mención del “¡ngelus” y expresamente por la tarde. Después, la representación ampliamente extendida durante la Edad Media, situará precisamente por la tarde el momento en que el “¡ngel del Señor llevó el anuncio a María”. El Capítulo Provincial franciscano, que tuvo lugar en Papua en el año 1294, ordenaba a los hermanos lo siguiente: “En todos los conventos, sonarán las campanas brevemente por la tarde durante tres veces, para honrar a la Madre de Dios. Todos los hermanos deberán, en este momento, arrodillarse y orar por tres veces: 'Ave Maria, gratia plena'†“. A comienzos del siglo XIV, tocar al ¡ngelus era ya una práctica habitual en muchas regiones de Europa, en Roma en 1327. El sonido de las campanas al atardecer tenía, al mismo tiempo, razones de tipo práctico, como era el ser señal de “la extinción del fuego” ("ignitegium", "coprifuoco", "salvaterra") y del cierre de las puertas de la ciudad. El papa JUAN XXII (+1334) ordenó en el año 1318 que en las tres campanadas diarias por la tarde, María, Madre de Dios, fuera saludada con tres “Ave Maria” de rodillas, concediendo a esta oración una indulgencia. Por otra parte, solamente en el siglo XIV (en algunos lugares hasta el siglo XVI), el “Ave Maria” tendrá el añadido de la segunda parte, tomando la forma como la conocemos en la actualidad.

En la Abadía de Montecasino, y en los monasterios dependientes de la misma, existe hacia finales del siglo XIII la costumbre de tocar las campanas para la oración del “Ave Maria” no solamente por la tarde, sino también por la mañana, a Prima. Desde el año 1317/1318 tenemos noticia de una llamada a la oración por la mañana, mediante el toque de las campanas, en la ciudad de Parma, al norte de Italia, donde en adelante se unirá este recuerdo al gran acontecimiento de nuestra salvación, la Resurrección de Jesás. Hacia mitad del siglo XV, el ¡ngelus matinal se introducirá en Europa prácticamente por todas partes.

La llamada a la oración al mediodía se impondrá más tarde, en los siglos XVI/XVII. Su tradición proviene de Praga, justamente, del año 1386. Siendo que a la hora de mediodía se pensaba en la crucifixión de Jesás, en el principio no se tocaba nada más que el viernes. En 1456, el papa CALIXTO III (+1458) pide que se toque la campana cada día entre Nona y Vísperas, recitando un Padrenuestro y tres “Ave Maria” por la salvación de la cristiandad. En 1472, el rey francés LUIS XI (+1482) invita a rezar a mediodía tres “Ave Maria” por la unidad y la paz del reino. En 1518, el Papa LE"N X estableció la oración del ¡ngelus a mediodía. En Alemania, el ¡ngelus a la hora de mediodía no fue introducido hasta el siglo XVII.

Las tres estrofas que recitamos hoy para la oración del ¡ngelus son citadas por primera vez en un catecismo veneciano de 1560: “El ¡ngel del Señor anunció a María, y concibió del Espíritu Santo. Dios te Salve María” – “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí segán tu Palabra. Dios te Salve María” – “Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. Dios te Salve María”. Hasta el año 1560, la “Salutación angélica” no existía más que con el rezo de tres “Ave Maria”. Del mismo modo, el verso que precede como conclusión del “¡ngelus” no se impondrá sino a finales del siglo XVI. En el "Caeremoniale episcoporum" de 1600, el “¡ngelus”, siguiendo el deseo del papa CLEMENTE VIII (+1605), se imprime en texto definitivamente. En 1742, el papa BENITO XIV (+1758), estableció que el domingo se rezarse el “¡ngelus” y en el Tiempo pascual se reemplazara por la antífona “Regina caeli”. Más tarde, sobre todo con el papa PÕO XII (+1958), se extiende la costumbre de que los papas, los domingos y días de fiesta, recen el “¡ngelus” con los fieles a la hora del mediodía, oración que terminan con tres “Gloria Patri”, añadiendo el recuerdo por los difuntos: “Réquiem aeternam…”.

3.2. El “¡ngelus” en nuestra Orden

Entre los años 1251 y 1325, en nuestra Orden se rezaba el “¡ngelus” por la tarde, después de la “Salve Regina”. Parece que la recitación del “¡ngelus” acompañado por el toque de las respectivas campanadas fue introducida oficialmente en nuestra Orden por el Capítulo General en el año 1765. El estatuto de este año precisa que se le debe unir en el tiempo pascual la antífona “Regina caeli laetare”, con la oración correspondiente. En la Orden, el rezo fue y es segán la forma original del “¡ngelus”, es decir, con las tres “Ave Maria”. Pero cada monasterio y congregación se adaptan a las costumbres propias del lugar. Así, por ejemplo, en un estatuto de la reforma cisterciense (Estricta Observancia) de 1624 se colocan tres estrofas que preceden a las tres “Ave Maria”.

Segán el “Rituale Cisterciense” primitivo y los “Usus Cisterciense” (de 1957, n_ 21, 14, 73, 192), la práctica que se conserva hasta hoy en nuestra Orden es la siguiente: durante todo el año, se reza la “Salutación angélica” por la mañana, al mediodía y después de Completas, de rodillas, vueltos en coro y en silencio. En este momento, suena la campana grande por tres veces, para cada una de las tres “Ave Maria”. El Domingo (a partir de las Completas del sábado) y durante todo el Tiempo Pascual, se reza el “¡ngelus” siempre de pie (extra stalla, vueltos hacia el altar). El ordenamiento del Capítulo General de 1765, a partir del cual se añade al ¡ngelus, durante el Tiempo Pascual la antífona “Regina Caeli”, con su oración, no se refleja ni en el “Rituale Cisterciense”, ni en los “Usus Cistercienses”. El que no esté presente en el coro cuando se toque al “¡ngelus” debe pararse y girarse hacia la iglesia, rezando la “Salutación del ángel”, de rodillas o de pie. Es la tradición que oficialmente hemos recibido en la Orden. Sin embargo, allí donde el paso del tiempo ha hecho que las costumbres propias de los monasterios dejen de usarse, conformándose a las tradiciones locales, nada se opone a que contináen a hacerlo como lo hacen. Este es el caso de la costumbre romana de sustituir el “¡ngelus” por el “Regina Caeli” durante el Tiempo Pascual.

3.3. El contenido teológico del “¡ngelus”

En su Exhortación Apostólica “Marialis Cultu”, sobre el culto a la Virgen María, del 2 de febrero de 1974, el papa PABLO VI (+1978), en el námero 41, ha resumido muy bien el contenido teológico y espiritual del “¡ngelus”, así, escribe: “El ´Angelusª no tiene necesidad de renovación: la estructura sencilla, el carácter bíblico, el origen histórico que lo enlaza con la invocación de la salvaguarda de la paz, el ritmo casi litárgico que santifica momentos diversos de la jornada, la apertura hacia el misterio pascual, por el que, mientras conmemoramos la Encarnación del Hijo de Dios pedimos ser llevados ´por su pasión y cruz a la gloria de la resurrecciónª … el valor de la contemplación del misterio de la Encarnación del Verbo, del saludo a la Virgen y del recurso a su misericordiosa intercesión permanece inalterable; y, no obstante el cambio de las condiciones de los tiempos, permanecen inalterables para la mayor parte de los hombres esos momentos característicos de la jornada -mañana, mediodía, tarde- que delimitan el tiempo de su actividad y constituyen una invitación a hacer un alto para orar”.

Así pues, el “angelus” es, tres veces al día, un pensamiento muy profundo y significativo del misterio de Cristo y de nuestra salvación.

INFORMACION

Para terminar, quiero señalar lo siguiente:

1. El "Ordinis Cisterciensi Directorium Divini Officii" 2006/2007

Antes del Adviento, todos los monasterios de la Orden recibieron el nuevo Directorio de la Orden 2006/2007. Prácticamente todas las Diócesis, "rdenes y Congregaciones de la Iglesia tienen su Directorio litárgico (°en muchos casos más voluminosos que el nuestro!). Nuestro Directorio sigue el de la Iglesia universal y corresponde a la mayoría de otros Directorios. Todo el trabajo ha sido llevado a cabo nuevo por nuestros hermanos de Poblet, sobre todo por nuestro “Directorista”, Fr. Xavier Guanter. Quiero agradecer muy especialmente todo este trabajo a él y a todos los hermanos. El que desee aportar algo, como propuestas de mejora o de otros aspectos, a propósito del Directorio, puede comunicarse directamente con el “Directorista” de Poblet.

2. El jubileo de 50 años del “Instituto Superior de Liturgia” de Paris

Con motivo del jubileo de los 50 años del “Instituto Superior de Liturgia”, tuvo lugar del 26 al 28 de octubre de 2006, en Paris, un congreso en el que tomaron parte numerosos obispos y personalidad de la liturgia, con el Prefecto de la Congregación para el Culto divino y Disciplina de los Sacramentos, el Cardenal Francis ARINZE. Este Instituto ha jugado un papel importante para la renovación d la liturgia después del Concilio Vaticano II. Además, Nuestro hermano P. Isaías GAZZOLA, de la abadía de Lérins, ha enseñado en el mismo.

3. La edición latina del breviario llamado de “san Esteban”

Próximamente va a aparecer en el tomo 44 de la revista científica de liturgia “Spicilegium Friburgense” (Academia Press, Friburgo, Suiza), la edición preparada por el P. Crisógono WADDELL OCSO, de la abadía de Gethsemani (USA.), del breviario llamado de san Esteban de 1132 (es decir, el breviario que se realizó durante el abadiato de Esteban Harding [+1134]). Se trata del breviario más antiguo en la historia de nuestra Orden y también del más antiguo testimonio de la liturgia de comienzos de Cister. Pero este breviario es importante también para el conjunto de la historia de la liturgia en occidente. El manuscrito, que se conserva en Berlín, fue descubierto en el año 1939 por el P. Honrad KOCH (+1955), monje de la Abadía de Himmerod. Posteriormente, se ocuparon del estudio y edición de este precioso manuscrito: P. Bruno GRIESSER (+1965), de la abadía de Mehrerau; el Abad Bernardo KAUL (+2001) de Hauterive; el Abad Presidente Kassian LAUTERER de Mehrerau y el P. Alberico M. ALTERMATT de Hauterive. El P. Chrisogono WADDELL, que ha examinado durante diez años la liturgia cisterciense primitiva y publicado numerosas ediciones de documentos sobre el origen de la Orden, podría muy bien terminar este trabajo paciente y fatigoso de esta edición voluminosa de casi 800 páginas y prepararla para la impresión. …l da al breviario de san Esteban la denominación de “The Primitive Cistercian Breviary”.

* * *

A vosotros, queridos hermanos y hermanas, os deseo para terminar, un Tiempo de Adviento y Navidad lleno de bendiciones y de luz, y un feliz Año de Gracia 2007.

Vuestro

fr. Alberich M. Altermatt O. Cist.

Monasterio de Eschenbach (Suiza), 25 de noviembre de 2006

 

 

 

contact 

o.cist.homepage        gestion du site    
questions liturgiques
liturgy homepage